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Emuārs

La importancia de la formación integral en los centros de FPA: la Semana Cultural

06/02/2020
Frederic Johnso...
Valoda: ES

Los centros educativos del Estado español, en las diferentes etapas educativas del sistema no universitario, han arrastrado durante demasiado tiempo y, por desgracia, una parte de ellos siguen haciéndolo todavía, un modelo de enseñanza basado fundamentalmente en el currículo como principio y fin del conocimiento y del aprendizaje que el alumnado debe conseguir, al margen de cualquier otro logro que no sea la acumulación en cadena de objetivos, contenidos y criterios de evaluación, por lo general desconectados del contexto escolar y de las necesidades, demandas e intereses formativos del alumnado.

Debe reconocerse que los cambios constantes en la legislación educativa española, con siete leyes educativas desde 1970 hasta la actualidad, y la consiguiente sensación de transitoriedad transmitida a los profesionales de la enseñanza han contribuido poco a consolidar un modelo de escuela centrada en el individuo en tanto que persona y ciudadano, lo cual ha acabado imponiendo, en mayor o menor medida, en las diferentes épocas de la historia reciente, si exceptuamos la revolución inicial en cuanto a planteamientos educativos que introdujeron los movimientos de renovación pedagógica y con posterioridad los cambios propiciados por la LOGSE, la preminencia de colegios e institutos de educación secundaria en los que se ha primado el saber y la competitividad por encima de cualquier otra premisa.

Una excepción a todo ello han sido los centros de formación de personas adultas (FPA), que a partir de los años 80 entraron poco a poco en la red pública de centros educativos en las diferentes comunidades autónomas, inicialmente a iniciativa municipal con los programas formativos destinados a la educación de personas adultas, y, a partir de los 90, con la proliferación de centros públicos de titularidad de las comunidades autónomas, que vinieron a sumarse a la red dependiente de las entidades locales. Centros educativos nacidos, por tanto, con la voluntad de prestar atención prioritaria a los sectores más desfavorecidos y vulnerables de la sociedad (hombres y sobre todo mujeres analfabetos, minorías étnicas, culturales y religiosas, personas excluidas por la pobreza y la ruralidad y, en los últimos decenios, personas migrantes extranjeras por razón de asilo, supervivencia, desplazamientos forzosos, etc.), que han sabido desviar el foco de la enseñanza y aprendizaje del currículo para focalizarlo en un modelo de formación integral, inclusivo y participativo, que tiene como finalidad forjar personas libres, autónomas y felices y, al mismo tiempo, ciudadanos y ciudadanas dispuestos a convivir y compartir su experiencia, sus destrezas, sus competencias y, en definitiva, su aprendizaje, en una espiral de reversión de talentos.

Esto explica el hecho de que, con independencia de las actividades complementarias y extraescolares programadas, los centros públicos de FPA reservan un espacio privilegiado para la formación integral en comunidad: la Semana Cultural, que los centros diseñan bien de forma autónoma o bien en colaboración con el resto de centros de FPA de su entorno más próximo o de su comarca. En ocasiones, nuestros centros tienen que luchar contra la inercia de las personas que acuden por primera vez a un centro de FPA procedentes del sistema obligatorio, pero una vez inculcado el beneficio formativo y el placer del aprendizaje entre iguales y colaborativo es el propio alumnado el que reivindica y participa activamente en los talleres y actividades, de temática e índole muy diversa, que programan conjuntamente los equipos docentes, el alumnado en general y las asociaciones de alumnos y alumnas del centro. A lo largo de una semana se opta, una vez más, por seguir rompiendo horarios, roles, esquemas, rutinas, etc., para dar paso tanto a talleres, en los que los mayores enseñan a los más jóvenes (artesanía, gastronomía, conocimiento directo del entorno físico, etc.) y a la inversa (fotografía, dispositivos móviles, malabarismo, música, etc.), como a actividades que priman la convivencia, la práctica del deporte y la diversión (fiestas, conciertos, excursiones, etc.).

Profesorado y alumnado, mujeres y hombres, mayores y jóvenes, extranjeros y españoles, gente acomodada o más humilde, de dentro y de fuera del centro, con situaciones y condicionantes de partida muy distintos, todos ellos y ellas diferentes, pero unidos en una piñata que explota a lo largo de la celebración de la Semana Cultural. 

Un escrito inspirado en el maravilloso programa de la Semana Cultural del curso 2019-2020 de los centros de la comarca valenciana de l'Alcoià-el Comtat, que llegó a mis manos hace apenas una semana y a la cual esta reseña pretende rendir homenaje.

 

 

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