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Emuārs

Emociones y sentimientos para seguir aprendiendo

26/12/2019
Eugenia Villanueva
Valoda: ES

Cada vez son más la evidencias científicas que apuntan a la relación entre estado emocional y capacidad para aprender. La OCDE trabaja en un nuevo marco para evaluar al alumnado en las llamadas Global Competences. Entre ellas, la capacidad para relacionarse con el entorno, como una de las competencias más importantes para la vida social y laboral del siglo XXI.

Las experiencias en el ámbito educativo buscan asentar la educación emocional desde el trabajo con los más jóvenes. Pero la educación emocional es en si misma un proceso de aprendizaje a lo largo de la vida, con lo que también puede encontrar cabida en educación de personas adultas. Nunca es tarde, y proyectos como el desarrollado en el CEPA de Reinosa, muestran los buenos resultados que pueden obtenerse. De hecho, su trabajo en este campo le valió el premio a la mejor experiencia de educación emocional en SIMO Educación 2018.

Este proyecto innovador cobra sentido en un marco tan específico como es un centro de educación permanente, que combina enseñanzas regladas y programas de educación no formal. El CEPA de Reinosa se planteó como reto incorporar a sus enseñanzas la educación emocional, a través de un proyecto piloto, dentro del programa de Educación Responsable -desarrollado por la Fundación Botín en colaboración con la Consejería de Educación de Cantabria-, y que por pirmera vez tenía como escenario un centro de educación de personas adultas..

Se trataba de trabajar la dimensión emocional del alumnado adulto, buscando contribuir así a su desarrollo personal, intelectual y social. La apuesta por la educación emocional como recurso para responder a necesidades sociales no atendidas en las materias académicas ordinarias, al tiempo que capaz de generar un espacio más abierto y acogedor en un centro, que ha hecho de las “emociones” una seña de identidad en las metodologías de aprendizaje aplicadas.

Los primeros pasos del proyecto se dieron en el curso 2015-16 con foco de atención en el alumnado de Formación Básica Inicial, y con la puesta en marcha de un programa no reglado de educación emocional. En los siguientes cursos esta iniciativa se hace extensible al resto de la oferta educativa del centro. Esto ha supuesto la participación de más de dos centenares de alumnos con perfiles de edad muy heterogéneos –de 18 a 80 años-, que van desde el grupo de jóvenes que buscan obtener la titulación básica para acceder al mundo laboral, al grupo de adultos (mayoritariamente mujeres), que, entradas en la edad madura y aliviadas de cargas familiares y laborales, buscan la formación que no tuvieron en la infancia o juventud, así como la actualización de sus conocimientos o la realización de alguna actividad intelectual o lúdica que ayude a mejorar su desarrollo personal e integral.

El proyecto ha concentrado sus objetivos en:

  1. Potenciar la adaptación, la calidad de vida y el bienestar emocional y social del alumnado en un centro de educación de adultos.
  2. Favorecer las competencias cognitivas y emocionales para facilitar la adaptación y el afrontamiento de dificultades.
  3. Prevenir el desarrollo de problemas emocionales y prevenir la aparición de problemas o disfunciones que podrían desembocar en conductas destapadas u otro tipo de conflictos sociales.

En el proyecto se introduce una metodología de trabajo que convierte en protagonista al propio alumnado, y que se centra en entender y dar solución a las necesidades reales de los participantes. Esto es, ellos generan sus necesidades, identifican los objetivos y metas a alcanzar, y el proyecto ayuda a su consecución. Crean su propio kit practicando técnicas para regular sus emociones, técnicas de relajación, amplían su vocabulario emocional, aprenden y practican las habilidades sociales.

En paralelo, el programa está resultando también importante desde la perspectiva de la formación específica del profesorado en educación de adultos, con la implicación y participación de todo el claustro de profesores y la colaboración de algunas instituciones locales de la Comarca de Campo del sur de Cantabria.

En conjunto, entre las “bondades” del programa –como apunta la directora del CEPA, Reyes Mantilla- se confirma que alumnado y profesorado necesitan este tipo de información/formación/experiencia, para conocerse y comprenderse mejor; se destaca la mejora y desarrollo de una sana inteligencia emocional; el alumnado  se familiariza con el lenguaje emocional, disminuye el estrés y la ansiedad y promueve la capacidad de escucha; se favorece el desarrollo personal y las relaciones positivas entre alumnos, entre alumnos y profesores…Y todo ello, contribuye, tanto a la mejora el rendimiento académico como a consolidar, en general, un espacio de atracción hacia el aprendizaje permanente.

Para conocer con más detalle este proyecto, seguir este enlace a la revista digital Educación 3.0 y a la presentación llevada a cabo en el IV Encuentro de Buenas Prácticas en ALV.

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