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Blog

Taller de poesía en el Centro Penitenciario Fuerte Mendizábal de Ceuta

06/11/2019
por Gloria Mª Vázqu...
Idioma: ES

La prisión es un espacio de transformación. Pasas de enjuiciado a interno y de interno a estudiante. Tu condena es tu mayor obstáculo y al mismo tiempo una oportunidad de cambio de vida, que te puede llevar a dos caminos: delinquir o cosechar una mejor vida. En el camino del medio hallamos las clases de penitenciaría, que tienen como prioridad brindar herramientas para mejorar sus itinerarios de vida. El trabajo de un profesor en un aula penitenciaria rompe con el esquema y sistema penitenciario. Cuando abrimos las escuelas en prisión abrimos mucho más que un espacio de enseñanza-aprendizaje, supone la apertura a una formación que les ayude a valorar, apreciar y respetar no sólo el orden penitenciario, sino también les permita potenciar su propia autoestima. 

Conviene señalar que contamos con dos derechos fundamentales recogidos en la Constitución: el derecho a la educación (artículo 27) y el que atañe al acceso a la cultura para la reinserción efectiva en estos centros penitenciarios (artículo 25.2). Las clases suponen una auténtica válvula de escape de sus propias condenas, se convierten en el único espacio con libertad real, el único espacio donde no se sienten fuertemente vigilados, el primer lugar de compromiso activo.

Sin lugar a dudas, el derecho a la educación forma parte imprescindible en el proceso de resocialización. Los centros de adultos que imparten clases en penitenciaría se muestran convencidos de los beneficios de impartir clases en prisión, que aportan un valor fundamental y potencian las destrezas de las personas que están privadas de libertad y cumplen condenas tras haber cometido diversos delitos. Constituye una verdadera apuesta por la reinserción. Cuando un docente entra en dicha aula su único campo de visión es un grupo de estudiantes, no internos. Es importante destacar que el docente reconduce sus itinerarios formativos,  da un giro a la vida de los presos, les proporciona una segunda oportunidad entre rejas, les facilita una mejora de sus habilidades, de su currículum.

Todos los estudiantes de los diferentes grados, salvo aquellos que se encuentran en módulos especiales por la normativa específica de Instituciones Penitenciarias, están juntos en el mismo aula-una clase tradicional con pizarra y ordenadores, desde los que sólo pueden acceder a las plataformas virtuales de Universidad de Educación a Distancia. En general están muy motivados, el entorno es nuevo, no obstante, quieren un cambio de rumbo, un futuro mejor que su presente. Sirva como ejemplo un poema elaborado por un interno en Centro Penitenciario "Fuerte Mendizábal" de Ceuta en el pasado curso 2017-18 en un taller de poesía que tuvo lugar en el Módulo 7:

Quiero que me pongas que me esfuerzo,

aunque estoy encerrado;

que de buen estudiante ejerzo,

pese a que estoy fastidiado;

que mi cerebro retuerzo

para sentirme pronto liberado.

 

Cuando el profesor entra en prisión,

me olvido de mi realidad,

cuando leemos a Cervantes

me siento en libertad.

 

No renuncio a mejorar

y dejar mi vida de antes;

ahora insisto en la reinserción

en dar un paso adelante,

cambiaré  mi condición

a otra menos errante,

sin más dilación.

 

Quisiera ahora firmar

que no voy a ser reincidente;

que no voy a flaquear,

ni con mi cuerpo ni con mi mente,

lo voy a cuidar

y lo tendré muy presente.

 

Me perdí tantas cosas

mis salidas equivocadas,

generé  delincuencia,

 con más espinas que  rosas

me involucré en escenas complicadas

 con conflictos y malas influencias.

 

Si ahora estoy preso

por utilizar la violencia,

si aquí dieron mis huesos

por tráfico y drogodependencia,

francamente me intereso

en cumplir mi penitencia.

 

Hay que hacer notar que mis alumnos leyeron el capítulo LVIII del Quijote y quedaron profundamente impresionados por uno de los diálogos de don Quijote con Sancho:

“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre; por la libertad, así como por la honra se puede y debe aventurar la vida, y, por el contrario, el cautiverio es el mayor mal que puede venir a los hombres (…)”.

En definitiva, cuando los internos conocen que nuestro escritor más universal, Cervantes, estaba obsesionado con la libertad porque estuvo preso cinco años en Argel y otras cuantas veces en España descubren al autor hispano más brillante de todos los tiempos y al mismo tiempo descubren que es posible enderezar sus vidas a través de la educación, que las aulas pueden reconstruir su futuro y cambiar su propia realidad.

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