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Blog

La tercera conciliación: la formación permanente

27/03/2019
por María Olga Expó...
Idioma: ES

Vivimos ritmos frenéticos en lo personal, lo laboral y lo social que nos obligan a estar en todo momento actualizándonos. Esta necesidad de reciclaje permanente, impuesto por las sociedades postindustrializadas de la información y el conocimiento, convierten el aprendizaje a largo de la vida en una realidad a la que tenemos que hacer frente con demasiadas dificultades.

Se nos exige un esfuerzo de formación continua para evitar la obsolescencia profesional, en un mercado depredador en el que desaparece a marchas forzadas el nicho de empleo de la mano de obra no cualificada. Y nos vemos desbordados para estar formados e informados de forma que seamos capaces de un nivel de análisis y reflexión que nos permita oponer resistencia a las consignas de la propaganda y la demagogia, ejerciendo la ciudadanía responsable como salvaguarda de la democracia y el estado de derecho.

Pero este discurso, en el que creemos firmemente los docentes y responsables educativos que desarrollan su labor con la población adulta más necesitada de formación, y que nos incita a desarrollar la competencia de aprender a aprender como garantía del aprendizaje a lo largo de toda la vida, suele chocar frontalmente con los intereses del corto plazo que suelen guiar tanto a quienes materializan políticas educativas y sociales como a los agentes económicos. Todos podemos estar haciendo el mismo discurso mientras no se haga preciso materializarlo y hacerlo coherente con nuestros actos si estos tienen un costo económico inmediato.

Y es que del mismo modo que se hace imprescindible conciliar nuestra vida familiar y laboral, aunque sólo sea para garantizar los procesos de socialización primaria y asegurar el relevo generacional que permita mantener el sistema de pensiones, también hay una tercera conciliación en la formación permanente. Y para ello se precisa medidas activas de carácter social y político de incentivación empresarial. Porque el día tiene 24 horas y los horarios laborales son los que son.

El absentismo y las altas tasas de abandono, que nos encontramos como principal dificultad en los centros de educación de personas adultas, tienen un carácter netamente diferenciado al de otras enseñanzas y no se pueden atajar sólo con medidas pedagógicas. Se hace preciso reflexionar seriamente sobre el problema de cómo conciliar la formación con las muchas obligaciones y prioridades de los adultos, implementando políticas eficaces que involucren y comprometan a los sectores empresariales, convenciéndoles de verdad de que no hay inversión más rentable que aquella que hagan en recursos humanos, a través de la formación permanente de sus trabajadores.

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