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Blog

Hay una escuela al otro lado del muro: educación permanente en centros penitenciarios

28/05/2019
por Eugenia Villanueva
Idioma: ES

Escuela, sí, así es como se conoce familiarmente, en muchos casos, a las unidades educativas que funcionan en los alrededor de 70 centros penitenciarios que existen actualmente en nuestro país. De hecho, se trata de centros de educación permanente o aulas adscritas a centros de educación de personas adultas, que desarrollan su acción educativa en el ámbito penitenciario.

Si “la ley es la conciencia de la sociedad” (como expresaba Concepción Arenal, la primera visitadora de cárceles en el siglo XIX), ese es el impulso que llevó a la creación de centros públicos de educación de adultos en establecimientos penitenciarios. El objetivo: garantizar el acceso a la educación y desarrollar las posibilidades que por esta vía pueden abrirse para la reeducación y la reinserción social de la población reclusa.

 

En otro tiempo y en otro lugar

El centro penitenciario de El Dueso en Santoña (Cantabria ) –uno de los más antiguos de España (1907)- acoge desde 2005 al CEPA “Berría”.

El CEPA Berria cuenta con un claustro de 10 profesores y por sus aulas han pasado este curso cerca de 200 internos, en un centro penitenciario que alberga en la actualidad  430 reclusos.

La oferta educativa del CEPA comprende la Formación Básica Inicial y la educación secundaria para personas adultas (ESPA). También enseñanzas de Formación Profesional, con la posibilidad de ir superando módulos profesionales del ciclo de grado medio de Cocina y Gastronomía, y entre ellos, el módulo de Formación en centros de trabajo (FCT), que el alumnado –interno puede realizar dentro del propio centro penitenciario. La incorporación de enseñanzas presenciales de Formación Profesional es uno de los aspectos que destaca en la oferta formativa del CEPA Berria y tiene con ello al centro penitenciario de El Dueso como referente a nivel nacional.

La posibilidad de ampliar estudios se extiende a través de la educación a distancia en relación con los ciclos de Cocina y Gastronomía, Dirección de Cocina y el de Emergencias Sanitarias.

Una de las novedades de este curso ha sido la incorporación del nivel Básico de Inglés -dependiente de Escuela Oficial de Idiomas-, con una docena de internos que ya saldrán acreditando un A2.

Están además los programas de educación no reglados, que por su naturaleza –aprendizajes no formales, más abiertos y flexibles- se adaptan bien a la realidad de la educación de adultos en un centro penitenciario. Hablamos de una oferta formativa que va desde el Español como Lengua Extranjera, pasando por programas de lectura, escritura y cálculo, alfabetización digital, hasta los talleres de educación vial y medio ambiente.

El contexto, influyente para cualquier centro educativo, resulta en entornos cerrados determinante e impone claramente sus normas –los alumnos aquí son antes que alumnos, internos. Y resulta imprescindible la coordinación de funciones y actuaciones de las dos administraciones –penitenciaria y educativa-, lo que se refleja en el día a día del trabajo de la escuela en relación con el centro penitenciario; y a otra escala, en la composición y funcionamiento de la Comisión Mixta, cuya labor va dirigida a vincular de forma permanente la programación educativa en la general del establecimiento penitenciario, favoreciendo la coordinación y desarrollo de actuaciones.

Un análisis de contexto tipo que podría aplicarse en cualquier centro de educativo, no es operativo aquí, ya que comunicada autónoma, provincia, municipio son términos que dejan de tener relevancia dentro de los límites de la prisión. Los alumnos matriculados tienen en común estar cumpliendo una condena de privación de libertad, aislados de su entorno y, en muchos casos, geográficamente alejados de sus familias. Huelga decir que no es el mejor contexto posible para un entorno educativo, agravado por la convivencia diaria entre internos, el  régimen normativo de un penal, la supeditación a situaciones procesales diversas y cambiantes, y un largo etcétera de condicionantes propios de un centro penitenciario.

El proceso de matriculación del alumnado no se desarrolla en los parámetros temporales habituales, sino que se haya condicionado por la alta movilidad (traslado de centro, grado de cumplimiento de pena, beneficios penitenciarios…). El alumno accede al CEPA para cumplir con un programa de tratamiento penitenciario derivado de su situación procesal y/o penitenciaria.

Por otro lado, si en los centros de educación permanente los agrupamientos se crean, en general, a partir de las necesidades educativas, dentro de un centro penitenciario esto no es posible. Sirva de ejemplo la separación de grupos por sexos. La distribución de los grupos está condicionada por los agrupamientos derivados del régimen normativo y la actividad laboral de la prisión: internos comunes sin trabajo o con trabajo, preventivos, módulo de mujeres…

Si la heterogeneidad del alumnado es de partida uno de los rasgos más característicos de la educación de adultos, lo es más aún en un centro en el contexto de un centro penitenciario, como es el CEPA Berria: diversidad de nacionalidades, de extracto social –aunque destacan los entornos más desfavorecidos-, capacidades e incapacidades, niveles y ritmos de aprendizaje, necesidades y condicionamientos especiales (físico y/o psíquicos) …, y así podríamos seguir sin encontrar alguna característica en común que no sea el hecho mismo de estar en prisión.

El papel del docente es clave en cualquier proceso de enseñanzas-aprendizaje, pero, cobra especial relevancia en este contexto. Por un lado, el nexo que se puede establecer entre profesor e internos-alumno es fundamental a la hora de atraer hacia la escuela. Por otro, la capacidad de adaptación del profesorado al entorno, su implicación y contar con recursos para la práctica docente en este ámbito, son determinantes. Y de ahí que se apunte como cada vez más necesaria una formación específica en este campo de la educación de adultos.

La participación del CEPA Berria en una TCA (seminario de contacto dentro del programa Erasmus+), centrada en la educación de adultos en prisiones -con escenario en Finlandia en octubre de 2016-, le permitió incorporar una perspectiva amplia y de contraste, de alcance europeo, siempre enriquecedora. Pero, al tiempo, avivó la sensación de vivir un tanto aislado de un realidad más cercana, la de otros centros que trabajan en el ámbito penitenciario en nuestro país.

A partir de esta inquietud, compartida con la administración educativa, tomó forma el II Encuentro de Buenas Prácticas en ALV (Aprendizaje a lo largo de la vida), que se celebró en Santander en marzo de 2017, esta vez centrado en la educación permanente en centros penitenciarios. Entre sus objetivos de partida: crear un punto de conexión e intercambio de experiencias entre profesionales trabajando en este campo, aportando estímulos y recursos para la práctica docente. Reflejo del interés despertado por esta iniciativa fue la asistencia y participación en la jornada de profesionales de la educación de adultos procedentes de otras 11 Comunidades Autónomas (Andalucía, Aragón, Asturias, Castilla-León, Cataluña, Galicia, Gran Canaria, La Rioja, Madrid, Navarra, País Vasco), además de Cantabria.

 

II Encuentro de BB.PP. en ALV 

La educación permanente en entornos cerrados continúa siendo hoy uno de los campos del aprendizaje a lo largo de la vida menos conocidos, y conecta con uno de los mayores retos que la educación de adultos tiene abiertos: el trabajo con grupos socialmente desfavorecidos, en situación de vulnerabilidad o riesgo de exclusión social.

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